Mariana era apenas una niña recién nacida cuando su padre, Nairo Quintana, la subió en brazos al podio de su Giro de Italia. El miércoles pasado, mientras respondía a la entrevista en un hotel de Cali, Quintana estaba pendiente también de que le llegara la tarta de cumpleaños a su hija, que cumplía cuatro años y lo celebraba en el hotel con toda la familia, padres, abuelos y tíos. La celebración le pilló por primera vez a Nairo, que cumplió el domingo 28 años, compitiendo en Colombia, donde cualquier detalle tiene casi trascendencia simbólica. Y, más allá de escalar puertos de ontaña en bicicleta, Nairo es consciente y trabaja el valor de los símbolos.
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