dimanche 12 novembre 2017

Isco se pone morado

Tan entretenidos estábamos mirando y remirando los colores de la camisa nueva que nos olvidamos de lo principal: el fútbol. Se nos iban los días entre debates, conciliábulos, encuestas a pie de calle (también llamadas encuestas en la calle), riñas y consultas a especialistas varios sobre el vestido que utilizará nuestra bienquerida selección allá en tierras rusas durante el Mundial venidero. Ya conoce el sabio lector de qué va el asunto. La marca que viste al equipo ha diseñado una camiseta en la que sobre el habitual fondo rojo ha colocado unos ribetes amarillos y azules, con tan mala (o tan buena) fortuna que ese azul, contemplado desde lejos, parece morado, lo que algunos han interpretado como una incitación para que de aquí a un tiempo estemos todos cantando el Himno de Riego. La de horas que se ha pasado este que escribe ante el televisor, junto a la radio, y periódico en mano (aquel y aquella encendidos y este abierto), intentando desentrañar el fabuloso misterio de los colores de la camiseta española, que son uno u otro según se la mire de cerca o de lejos, por no hablar de lo engañosa que es la presbicia. Incluso ha llegado uno a escuchar y a leer la opinión de algún perito óptico respecto a los efectos que se producen cuando algunos colores se juntan. Ya la señorita Toly, en algún año lejano del siglo pasado, le enseñó a este su seguro servidor cómo la mezcla del rojo con el azul nos lleva al morado, igual que la del azul con el amarillo produce el verde. En párvulos daba clase la citada señorita Toly.

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