Con un golpe encima de la mesa. Así ha terminado una relación entre McLaren y Honda que se auguraba como la definitiva para ganar. Cuando McLaren decidió cambiar la unidad de potencia de Mercedes por la de Honda se decía que con un motor cliente nunca serían campeones del mundo, y por ello necesitaba un motorista único, en exclusividad. El problema es que esa exclusividad fue siempre negativa en términos de rendimiento y fiabilidad. Así pues, la apuesta salió mal.
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