La Juventus ha regresado a los dorados años de plomo. Afloran en Turín los viejos chamanes del catenaccio. Figuras como Claudio Gentile, que este martes en Il Corriere della Sera vino a decir algo así como que ya estaba bien de avergonzarse de ser recios y amontonarse todos atrás marcando fuerte, porque esa es la fórmula que produce resultados en la casa. Tienen el know-how. Buffon, Chiellini, Bonucci y Barzagli le replicaron en el campo, en lo que se puede considerar como una exhibición de arte defensiva. Se trataba de no dejar pestañear a los rivales y los rivales, muchachos imberbes en su mayoría, se quedaron en el molde. Perplejos todos a excepción de Kylian Mbappé. Porque si de algo sirvió esta semifinal Juventus-Mónaco de desenlace previsible fue para experimentar con este organismo excepcional, su mente, sus extremidades, sus desplazamientos, y, en general, sus reacciones al contacto traumático con el cerrojazo supersónico de la Vecchia Signora.
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