En el gemelo izquierdo, Sergio Ramos tiene tatuada la Décima. Su cabezazo en el minuto 92:48 segundos forzó la prórroga y dejó muerto al Atlético en Lisboa. En San Siro, en mayo del año pasado, el capitán del Madrid volvió a marcar. Adelantó a los suyos en el minuto 15 y lanzó el cuarto penalti de la tanda. En el imaginario rojiblanco, Sergio Ramos se ha convertido en la peor pesadilla. El que de repente entra en el salón de fiestas y apaga la luz cuando todos están a punto de descorchar el champán y llevarse al chico o la chica de turno. El pinchaglobos.
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