mercredi 8 février 2017

De Dortmund al cielo

Al Alavés no se le espera, llega. Tiene la costumbre de no avisar. Si acaso cuando fracasa, cuando los descensos, cuando Piterman, va haciendo testamento para sus deudos. Nadie le esperaba en el Westfalenstadion de Dortmund aquella tarde larguísima del 16 de mayo de 2001, que acabó en madrugada, cuando se enfrentó a la marea roja del Liverpool en la final más recordada de la Copa de la UEFA y nadie le esperaba en la final de la Copa del Rey del 27 de mayo de 2017 en hora y estadio por determinar. El Alavés es sigiloso en el éxito y algo estruendoso en el fracaso. Un club pendular, sacudido por la voracidad económica del fútbol que le han llevado de los parqués a los barrizales de la competición en un ascensor que lo mismo iba a la suite que al sótano del fútbol. Nada extraño en una ciudad que apenas rebasa los 200.000 habitantes y un territorio alavés que sobrepasa por poco los 300.000, un magma pequeño que ha hecho, sin embargo, convivir el fútbol (con sus sacudidas) y el baloncesto con el Baskonia, un club de la élite europea.

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