El Celta más irreconocible en mucho tiempo se fundió en Mendizorroza en un instante decisivo que viró en lágrimas. Lloró el vestuario y lloró el celtismo, los 700 aficionados que se desplazaron a Vitoria, seguramente muchos de los que vivieron el partido por televisión y dejaron las calles de Vigo, también de media Galicia, desiertas a la hora del partido. Campó la frustración porque la ilusión era máxima. “Desde el minuto uno tuvieron más huevos que nosotros”, zanjó el lateral Jonny.
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