El récord es un imposible que se alcanza. A veces es demasiado imposible y llegar hasta él exige más tiempo; puede que décadas. No importa, los días son largos y la única forma de hacer algunas cosas finalmente es que sea imposible hacerlas. Hay que saber esperar. La marca de Kratochvilova en los 800 metros o la de Sedykh en lanzamiento de martillo resisten en pie después de treinta años, como si la movida de los 80 también hubiese afectado al atletismo, pero ¿significa eso que son imbatibles? Todo cae. Hasta las hojas de los árboles. Javier Estrella cuenta que un día entró en el camerino de Miles Davis. Allí estaba el mito, acariciando la trompeta. “Miles, acaba de caer el muro de Berlín”, le dijo. Miles sonrió y preguntó, con una ironía que parecía salida de su instrumento, si acaso había caído solo. El maestro sabía que los muros nunca caen por su voluntad, hay que derribarlos. Algunas tareas requieren empecinamiento.
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