dimanche 7 août 2016

Sola, recórd olímpico... por media hora

Ignacio Sola, bilbaíno del barrio de Indauchu (vecino y amigo desde siempre de Ángel Villar), trabó contacto con la pértiga de una manera casual. Estudiaba en los jesuitas, como el propio Villar. Un cura llamado José Ignacio solía llevar los fines de semana a un grupo de chicos al campo, a pasear y a respirar buen aire. Hacían actividades deportivas, como carreras o el soga-tira. Y saltaban riachuelos con una pértiga de caña. De allí salió la idea de saltar en el colegio, en un foso de arena. Un profesor, llamado José Luis Borbolla, más ilustrado que el resto, les dijo que la pértiga no era para longitud, sino para altura, que así era prueba olímpica. Clavaron dos mástiles en el suelo, los unieron por una cuerda y ahí se pusieron a saltar.

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