dimanche 7 août 2016

Ruido de Nadal

Hace tres años vi jugar en directo a Nadal. Ocurrió en un buen escenario, París, durante su visita anual de la exposición universal de Roland Garros. Había algo particular en el ruido con que viajaba la pelota; el famoso efecto endiablado con que ganó sus partidos a Federer, ese raspazoa la pelota que obligaba al suizo a devolverla con el revés casi subiéndose a una escalera, dejaba un rastro sonoro en la pista como de llegada de los indios. Sacudía la pelota con el efecto adecuándolo a la cadencia, y producto de ello se generaba una especie de sinfonía. Con los ojos cerrados, si uno aprendía a dominar aquel impresionante asunto, podía distinguirse el sonido de la bola de Nadal, y a partir de él adivinar su dirección (la fuerza no; la fuerza casi siempre es la misma, incluso en las dejadas).

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