Los mejores deportistas de Río, los campeones, Phelps, Carolina Marín, Miguel Ángel López, Orlando Ortega o Ruth Beitia, tienen el mismo entrenador desde que eran niños. Han pasado más tiempo con ellos que con su familia, su pareja o sus padres. Tanto tiempo y tantas horas al día juntos que cuando unos u otros hablan de su relación personal no tienen más remedio que recurrir a términos sanguíneos para definirlas. Los deportistas suelen decir que el técnico, tan devoto que abandona todos los afanes para pensar solo en las necesidades, siempre excesivas de sus campeones, y en su cuidado, acaba siendo su segundo padre, e incluso su padre sin más, como Orlando Ortega a quien entrena su padre de verdad. Cuando crecen, se impone más la noción de hermano mayor, que suena un poco fea porque evoca una jerarquía impuesta por los años, no por la sabiduría, y más a menudo, la de pareja, incluso matrimonio. Es parte de la razón de su éxito, de su equilibrio.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2aI1XuW
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire