A Bélgica se le espera, pero no acaba de llegar. Perdió en el estreno ante Italia y ahora está en el diván. “Ha sido un buen resultado para que todos regresemos a la realidad”, confió el delantero Lukaku tras esa decepción. El equipo había llegado a Francia sin poder contener la euforia, líder en el ránking FIFA entre las selecciones europeas, segundo clasificado en el global tras Argentina. “Nunca dijimos que fuéramos la mejor selección del mundo, siempre hemos pensado que Alemania, Francia y España están un punto por encima de nosotros”, se defiende el centrocampista Axel Witsel. Pero en las semanas previas al torneo se emitió un mensaje de grandilocuente suficiencia que ahora se vuelve en contra. “Queremos llegar a la final, llegamos en nuestro mejor momento”, pregonó Eden Hazard. “Dembelé es, ahora mismo, el mejor jugador del mundo en su puesto”, apuntó Kevin de Bruyne sobre un futbolista que se pasó en el banquillo todo el partido contra los trasalpinos. Incluso el técnico, Marc Wilmots, se sumó a la ola de optimismo. “Si no sufrimos grandes desgracias podemos llegar a semifinales y a partir de ahí quién sabe lo que puede suceder”, había apuntado un mes antes del debut en una entrevista a La Gazzetta dello Sport.
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