vendredi 17 juin 2016

Hay tiempo

En fútbol siempre hay tiempo. Esta es una lección que aprendes sin necesidad de haber visto un partido en tu vida. Yo empecé a ser consciente de ella en la universidad, cuando conocí a un estudiante de Derecho que se había matriculado en un par de asignaturas de Filosofía. Se llamaba Charly y no pisaba la facultad hasta tres días antes de los exámenes. “Llega usted un poco tarde”, le reprochó el profesor de Introducción a la Antropología Cultural la primera vez que lo vio por su clase. Charly sonrió a medias, alzó un poco los hombros y respondió casi en latín: «Hay tiempo». Parecía Obdulio Varela en la final del Mundial del 50, justo después del gol de Brasil, cuando con el balón bajo el brazo se dirigió muy lentamente al centro del campo para reanudar el partido. Esos dos minutos en los que no se jugó son quizá los más transcendentales de la historia del fútbol. Y es que no importaba perder el tiempo, porque había más. De hecho, al poco marcaron Schiaffino y Ghiggia, y Uruguay consumó el maracanazo.

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