Más allá de elevar un grande, hace 25 años en Nueva York, Gabriela Sabatini (Buenos Aires, 45 años) dejó huella en la historia del tenis. Pese a jugar afectada por la talasemia, alcanzó el tercer peldaño del ránking y fue uno de los iconos de una era dorada del circuito femenino, en la que se batió con ilustres como Steffi Graf, Martina Navratilova o Mónica Seles. Jugadora de un talento rebosante, jugó a los 15 años unas semifinales de Roland Garros, y del mismo modo se despidió de su deporte de una forma precoz, en 1996, cuando tenía solo 26 años. Distinguida, dentro y fuera de la pista, fabricaron su propia muñeca en EE UU y bautizaron una rosa con su nombre. Ahora, como empresaria del perfume y la belleza, atiende cortésmente la llamada desde Buenos Aires.
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