Siete años después, los rascacielos estrambóticos que rodeaban el anillo olímpico no son una excepción en la línea borrosa del horizonte pequinés, sino una plaga multiplicada como la contaminación que todo lo asfixia; la piscina de Michael Phelps sigue en pie y también el Nido en el que todo comenzó para Bolt, el estadio, aunque no la pista de tartán, renovada por Mondo.
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