Durante las tres temporadas anteriores a la que se inicia este fin de semana los equipos de Primera División ingresaron más dinero por ventas de futbolistas del que gastaron en fichajes. No era lo habitual. Se había producido un punto y aparte. Fue el preludio de un tiempo en el que predominó un estilo manirroto en la gestión que alcanzó un nivel de inversión en jugadores que explica muchas de las situaciones acaecidas a partir del verano de 2012. Entonces, los acreedores del fútbol (Hacienda y Seguridad Social) que antes no pedían cuentas decidieron hacer sumas y restas. Si se consideran las doce temporadas que se suceden entre aquel mercado en positivo de finales del siglo XX y ese punto en el que se pone el freno, el gasto global superó a los ingresos por más de 1.407 millones de euros sólo en los equipos de Primera.
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