En ocho semanas de verano, junio, julio y agosto, entre la montaña pirenaica fresca de Font Romeu y el calor agobiante y húmedo de Barcelona, Miguel Ángel López ha recorrido a pie casi 1.200 kilómetros, 140 semanales en un camino de Santiago exagerado y acelerado, y del que ha salido tan contento que la víspera de llegar a su meta, un nada, 20 kilómetros en circuito cerrado en Pekín, dice: “Íntimamente pienso en el oro. No me conformo con la plata. Después del bronce de Moscú tengo que tirar para arriba. A priori, antes de la salida, no me veo luchando por algo que no sea el oro”.
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