La hazaña de las Guerreras y la foto en Moncloa. El deporte es justo e injusto, predecible e impredecible, probable e improbable. Todo por partes iguales. Y todo eso lo comprobamos en la final del Mundial de balonmano, en el que las Guerreras nos engancharon a su deporte y a su gen luchador. Un ataque valiente y un tiro para ganar como ejemplo de la esencia del deporte. Un bloqueo instintivo para recuperar lo más valioso, el balón. Una polémica decisión arbitral, cuyo espíritu todavía no se ha explicado rotundamente, que castiga el ímpetu y la inocencia deportiva de unas mujeres que ya son históricas. Su medalla será de plata, pero tanto su rendimiento en este Mundial como su exquisita actitud en la derrota, con la ya mencionada y frustrante decisión arbitral, son de oro. No las olvidemos, no desperdiciemos esta hazaña. Y sí, digo hazaña porque lo es, y me explico.
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