El derbi hizo justicia. Ganó el Sevilla, donde surgió un héroe inesperado, De Jong, que aprovechó una delicia de Banega para sellar el triunfo de su equipo. Un Sevilla con más fútbol que un Betis demasiado emotivo, primero sin juego por un planteamiento muy rácano y luego todo corazón, impulsado por la emotividad y muy poca pausa. Los de Rubi apelaron demasiado a la fe, jugando con demasiado desorden. El Sevilla, incluso con algunas lagunas en su juego, dio más sensación de grandeza y, sobre todo, pegada. La encontró en el contestado De Jong, que hizo un golazo que aniquiló las esperanzas del Betis. El derbi siempre depara sorpresas y convierte en estrellas principales a jugadores que se antojaban figurantes. Un holandés de alargada figura llenó de felicidad a media capital de Andalucía. Es lo que tiene el derbi, que hace que entrenadores como Lopetegui celebren el triunfo como si fuera un título. La piña en el banquillo visitante fue descomunal. El Betis lo intentó, pero tiene menos fútbol que su rival, que alcanza unos fantásticos 24 puntos y se hace con la cuarta plaza, a uno del liderato y triunfante en el derbi. Una gozada en sevillista y una dolorosa puñalada en el corazón del bético. La derrota, muy dura, deja en el alambre de nuevo la continuidad de Rubi.
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