Sudoroso y sonriente, enfundado en una camiseta que alardea de su currículum ganador, Marc Márquez reconocía que la consecución de su octavo título, sexto de MotoGP, llegaba "como lo había soñado". Es decir, ganando. Márquez sufrió un fuerte accidente el viernes previo a la carrera, la motó le lanzó disparado y quedó muy magullado, hasta el punto que necesitó ser reconocido en un hospital cercano. El sábado, se cayó de nuevo. Dos trompazos en las horas previas de la prueba donde tenía que rematar el título. "Mi intención era ganar la carrera", declaraba Marc Márquez, ya ganador, justificando que si iba al límite en los entrenamientos fue porque preparaba el Gran Premio "como un fin de semana normal". Y para Marc Márquez, la normalidad en un fin de semana de carreras es ganar. Más allá de saciar su gen competitivo, el campeón del mundo apuntaba que "hemos acabado el año como el equipo merecía, yo solo me dedico a hacer mi trabajo en la pista lo mejor que sé", declaraba eufórico y agradecido con su gente, los técnicos, mecánicos y personal del Repsol Honda, una cuadrilla con la que Márquez ha compartido muchos momentos de alegría pero, también, sinsabores y disgustos. Gente que siempre está a su lado.
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