En Shanghái, España se clasificó para las semifinales del Mundial por tercera vez en su historia. La prolongación de un recorrido histórico en el que, por 12ª vez en los últimos 14 años, la selección volvió a colocarse entre los cuatro mejores en los grandes campeonatos internacionales. Cayó Polonia rendida a un elenco abnegado y pasional liderado por Ricky Rubio y en el que tuvieron un protagonismo decisivo los hermanos Hernangómez y Rudy Fernández. Una España sacrificada, gremial, intensa y comprometida; alejada de la estratosfera a la que la llevaron Pau y Navarro en anteriores viajes pero con la misma solvencia competitiva que dejaron marcada los mayores. Un equipo que, replicando la dinámica ascendente que marca su libro de estilo volvió a cumplir en el día D. El viernes en Pekín, los de Scariolo pelearán por una plaza en la final frente al vencedor del Australia-República Checa.
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