Nadie quiere jugar en tierra de nadie, en esa zona clasificatoria en la que parece que le echan agua al vino y la comida es insípida, como de dieta blanda de hospital. Escaparse de esa zona maldita en la que se mira al frente y no se encuentra el horizonte era el mayor aliciente de la Real y el Betis en el último partido de la jornada, de horario intempestivo.
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