Muy exigido en la Copa, el Barça se dio un respiro en LaLiga y descontó dos puntos para suerte del Atlético y del Madrid. Las remontadas se dan muy de vez en cuando, difícilmente se encadenan, y más cuando los rivales tienen el empaque del Sevilla y la rebeldía del Valencia, el rival desestabilizador por definición en el Camp Nou. Al 6-1 contra el plantel de Machín, después del 2-0 del Nervión, siguió el empate a dos frente a la revitalizada muchachada de Marcelino, que a la media hora mandaba por 0-2. Al rescate acudió Messi, que reventó después de marcar dos tantos y poner el 2-2, un resultado agridulce, menos preocupante incluso que la caída del 10. Las dudas sobre la lesión de Messi son las mismas que despierta el momento del Barça, ocupado ahora en muchos frentes con un plantel limitado y con los papeles muy definidos: Jordi Alba no tiene sustituto, mejor que jueguen Lenglet, Arthur y, a ser posible Busquets, y Dembélé es más desequilibrante que Coutinho. No es fácil dar con la formación ideal en cada partido y menos cuando en la esquina aguarda el Madrid.
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