Toni Kroos no dejaba de secarse el sudor de la nariz con la mano, como intentando taponar un grifo roto. El organismo del alemán somatizaba su incomodidad en el campo de juego con un chorreo de transpiración. Parecía asfixiado. Cuando el Madrid iniciaba el juego, Raúl García y Williams lo sometían a una persecución implacable; cuando perdía la pelota se le veía incapaz de cerrar los espacios que se abrían a su espalda con la energía debida. Raúl García se le colaba una y otra vez, listo para recibir y pasar. El sufrimiento de Kroos estaba anunciado. Ya lo intentaron Guardiola, Ancelotti, Benítez y Zidane, sin resultados. En San Mamés lo probó Julen Lopetegui, una vez más, y el experimento duró 45 minutos. Tampoco esta vez Kroos pudo gobernar al equipo en todas las facetas desde el mediocentro.
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