En la misma plaza de Guachené, en Colombia, donde Yerry Mina (23 años) se ganaba unos duros llevando las bolsas de la compra cuando era un niño, se colocó una pantalla gigante para que la gente de pueblo pudiera ver los partidos de la selección de José Néstor Pékerman. En el estreno en Rusia ante Japón, la indiferencia le ganó al entusiasmo. El defensor del Barcelona ni asomó en el campo en la derrota frente a los nipones. ¿El motivo? Mina llegó con la moral tocada después de su tan corta como traumática experiencia en el cuadro azulgrana.
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