Londres, en clave absolutamente veraniega este domingo puesto que el termómetro superaba los 30 grados y predominaban las mangas cortas, esperaba con relativa ansiedad el regreso del hijo pródigo. El All England Tennis Club fue el último gran escenario en el que se pudo disfrutar del tenis eléctrico de Andy Murray, hace un año, y se confiaba en que también fuera el marco de su regreso a un torneo de máxima envergadura. Sin embargo, el martirio no termina. La cadera del escocés le frena y le conduce a la prudencia. Dice Murray no sentirse aún preparado para competir en un Grand Slam y a última hora, como un enorme chorro de agua fría, helada para la legión de seguidores británicos, anunció su renuncia a jugar en casa.
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