Terminado el God save a mí misma, La reina Isabel II apretó con decisión una seta roja en el patio del castillo de Windsor, y en unos jardines lejanos, junto al Támesis, cerca de Greenwich, sonó una sirena fabril que disparó a los hombres en busca de un récord mundial que el calor inhabitual (unos 20 grados y sol en la siempre gris Londres) hizo imposible. Detrás de ellos, una masa feliz de 55.000 atletas aficionados.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2HP98D3
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire