La manía persecutoria del dueño del Panathinaikos, Dimitris Giannakopoulos, no tiene fin. Después de unos meses de ruido y furia en los que ha clamado contra los arbitrajes “sufridos” por su equipo en la Euroliga, el forofo dirigente traspasó ayer fronteras con una denuncia surrealista.
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