Puede quedar la sensación de que el Celta ha desaprovechado una oportunidad ante las ausencias en el Barcelona. Valverde guardó a Iniesta en casa, Messi y Luis Suárez no se sumaron a la expedición que llegó a Vigo porque apenas comenzaron a entrenar hace dos días tras gozar de un prolongado receso navideño. Umtiti está lesionado y Jordi Alba y Ter Stegen se quedaron en el banquillo, del que apenas salieron unos minutos Sergi Roberto y Rakitic, también Dembelé, que reapareció después de superar una lesión que le tuvo tres meses y medio fuera del equipo. Con ese plan sobrevivió el Barcelona en Balaídos, un terreno complicado ante un rival que sabe ponerle en problemas, en una tarde que además se aderezó con viento y lluvia en el escenario más galaico que se puede imaginar. Ahí dio un paso adelante el Barcelona para llegar a los cuartos de final de la Copa del Rey porque extrajo un empate a uno que le deja la eliminatoria de cara para definirla el próximo jueves día 11, en el Camp Nou y con sus delanteros de lustre sobre el césped. Mal harían, con todo, en darla por resuelta ante un equipo, el Celta, que siempre les ha mirado a la cara.
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