Los espectadores televisivos de golf disponen de un privilegio que para sí quisieran los aficionados al fútbol o al baloncesto: son árbitros que si ven un penalti palmario a favor de su equipo tiene la potestad de pitarlo. Una llamada de un aficionado de golf que viendo la tele en su casa o en un bar crea descubrir una infracción que se le haya escapado a uno de los árbitros del torneo puede condenar a un jugador a una penalización de dos o cuatro golpes, a perder un torneo. “Y hay espectadores que ven la tele con ánimo de cazadores y están atentos al milímetro y no pasan un fallo”, dice Miguel Vidaor, uno de los mejores árbitros del circuito, que en cada torneo tiene que revisar con el vídeo decenas de llamadas o emails de espectadores que creen haber visto lo que nadie más ha visto. “Y la mayoría de las veces se equivocan y lo que ven no tiene ninguna trascendencia”.
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