Hace dos años el belga Kevin de Bruyne tenía sobrepeso. El futbolista más caro de la historia del Manchester City (74 millones de euros) acababa los partidos en hiperventilación. Solo era capaz de jugar como atacante descolgado. Lastrado por los kilos demás, ahorraba energía desconectándose del juego periódicamente. Este domingo, De Bruyne, un extremo nato, jugó como interior, un puesto que ahora ocupa regularmente y que demanda un desgaste físico constante. Fue decisivo en el gol más hermoso de la victoria frente al Arsenal. El 1-0. Toque final de una jugada que se prolongó durante más de un minuto de asociaciones, movimientos, despliegues y agrupaciones que incluyeron a los once integrantes del equipo. La sanción de una obra maestra de la planificación, culminada con un tiro cruzado que no pararon ni Koscielny ni Cech. El primer paso en la victoria del City sobre el Arsenal (3-1). Un hito que señala el inicio de la nueva era.
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