¿Puede el deporte construir países? Por atrevida que resulte la conclusión, sería imposible entender el alma de Nueva Zelanda sin su devoción más absoluta a una disciplina que ha dominado con mano firme desde principios del siglo XX. Con apenas cuatro millones de habitantes, los All Blacks han sometido a países con más recursos humanos y económicos porque su apuesta, en términos sociales y deportivos, se ha tornado infinita. El palmarés y un prestigio que lo trasciende se han erigido en marcas globales en la era del profesionalismo y el Premio Príncipe de Asturias prueba la capacidad, solo en poder de Nueva Zelanda, de traspasar los mercados tradicionales del rugby.
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