Hace unos días se entregaron los nunca bien ponderados premios Globe Soccer Awards, que no se sabe muy bien qué galardonan, ni por quién, pero que destilan un enorme boato. Tanto es así que el festejo se celebra en Dubái, país de enorme raigambre futbolística. El gran vencedor de esta edición ha sido el Real Madrid, que acaparó tres premios: el de mejor club del año, el de mejor jugador, Cristiano Ronaldo, y el de mejor presidente, Florentino Pérez. No se sabe muy bien, al menos quien esto firma carece de la información pertinente, con qué baremo se elige a este último. Da la sensación de que influye sobremanera que tu equipo gane títulos. Así se desprende del hecho de que en 2015 el galardón recayera en Josep Maria Bartomeu, presidente del Barcelona, que aunaba tanto méritos deportivos, pues su equipo había logrado el triplete, como judiciales, empapelado como estaba (y está) por el fichaje de Neymar, ese ejercicio de ingeniería financiera en el que sus responsables han conseguido enmugrecer el nombre de una institución tan respetada y admirada como el Barça. Y hablando de porquería, los premios estos de marras también enaltecen al mejor agente de futbolistas del mundo, nominación que en las seis ediciones anteriores había recaído en Jorge Mendes, ese señor que considera que su representado Cristiano es el mejor futbolista de la historia, de la historia, sí, han leído bien. Pero este año la condecoración ha sido para otro colega, de nombre Mino Raiola, cuyo mayor mérito ha sido colocar a su cliente Pogba en el Manchester United, que desembolsó por el jugador la friolera de 120 millones de euros. Y de esa cantidad, 27 millones acabaron en los bolsillos del tal Raiola. Un tío que consigue algo así merece mucho más que los Globe Soccer Awards estos. El Nobel como poco.
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