La Real salió a Anoeta como los caballos en el hipódromo, desbocados, ansiosos por liberarse del pequeño cajón donde se acumulan las tensiones, y por unos minutos pareció que, una vez más, iba a encajonar al Barça y ponerle el balón allí donde no lo alcanza. Así había conseguido que el conjunto azulgrana no ganase en sus ocho visitas anteriores a Anoeta, su terreno maldito, la fragua de sus conflictos, el infierno de los experimentos de los entrenadores a los que siempre les estallaban las probetas en los ojos.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2jDFQ0L
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire