Todas las convulsiones que ha sufrido la selección inglesa en los últimos tiempos le han llevado a un punto evidenciado en los tres partidos que ha disputado tras la Eurocopa: el equipo, tan aguardado por el nivel que prometía antes de su fiasco en el torneo continental frente a Islandia, ha perdido fútbol. Primero con Sam Allardyce ante Eslovaquia en su único partido como seleccionador, ahora con Gareth Southgate al frente contra Malta el pasado sábado en Wembley y ayer frente a Eslovenia a domicilio, Inglaterra no conoce la derrota y mantiene su meta virgen. Pero deja la estela de un equipo anodino.
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