Novak Djokovic tiene un físico privilegiado. Probablemente, junto al de Andy Murray, el más poderoso de los pesos pesados del circuito. Su figura, sin un átomo de grasa y fibrada, representa el equilibrio perfecto entre tres variables esenciales para todo atleta de élite: fuerza, elasticidad y resistencia. El serbio, cincelado con una dieta exenta de gluten y carne, con yoga también, se ha ido transformado en un deportista de carbono. Cuida hasta el más mínimo detalle eso que se le llama entrenamiento invisible, aquello que no se aprecia y que en unos niveles tan elevados de exigencia suele resultar trascendental.
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