Desde que era un niño que jugaba al críquet en un gueto de Kingston, Usain Bolt se ha sentido un corredor de 200, una prueba de connoisseurscasi fetichistas, con su curva y su recta. Solo cuando, mediada su carrera, batió casi sin esperárselo el récord de los 100m descubrió Bolt que nada podría hacerle más grande en la imaginación del mundo que la prueba de la recta simple y pura, la carrera que designa al humano más rápido sobre la tierra. Pese a ello, su corazón solo se pierde por el 200m, la carrera en la que, en Río, en su despedida olímpica, quiere dejar el recuerdo más fuerte de su vida. Su huella única. Bajar de los 19s. Una frontera solo para él.
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