Saúl Craviotto consiguió clasificarse para Río en el preolímpico de mayo. Eso le obligó a tener dos picos de forma en pocos meses. Desde noviembre a mayo trabajó para conseguir el pase y desde finales de mayo a agosto para luchar por las medallas. No es fácil hacer dos ciclos de preparación. Pero el que mejor le conoce, Miguel García, su técnico, dice que Saúl tiene una cabeza privilegiada. Fria. “Pero no soy una máquina, yo también soy humano”, respondía Craviotto a mediados de junio en el comedor del centro de tecnificación en el embalse de Trasona, a 20 minutos de Gijón, donde tienen montado el cuartel general.
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