Jamás pasa desapercibido: es largo como un día sin pan (mide 2,08) y calza un 50 de pie. Lleva siempre una visera y su figura se asemeja más a la de un pívot pueril de la liga universitaria que a la de un tenista. No tiene John Isner desde luego la fisionomía más apropiada para el fondismo, pero él parece haberse empeñado en retar a la naturaleza. Protagonista en 2010 del partido más duradero de la historia –6–4, 3–6, 6–7, 7–6, 70–68 contra Nicolas Mahut, después de 11h 5m–, el estadounidense brindó este domingo, Middle Sunday en Wimbledon, otro espectáculo maratoniano. Pero, a diferencia de hace seis años, esta vez cayó.
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