Brasil ganó la organización de los Juegos en 2009, cuando Luis Inácio Lula da Silva llevaba seis años de estable presidencia y lideraba un economía prometedora. La situación es muy diferente ahora. El país está en recesión económica y lo que no para de crecer ahora es el desempleo. Sufre también una paralizante crisis política agravada por la destitución de su presidenta, Dilma Rousseff, mientras suma decenas de casos de corrupción. Los escándalos manifiestan lo cotidianos que son los sobornos en los medios político y empresarial del país, que incluye a los responsables por la construcción de las arenas olímpicas.
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