Carolina Marín, de 23 años, iba para bailaora flamenca y se quedó en badmintoniana zurda, lo que, a la larga, se ha demostrado más productivo y más acorde con su carácter, tan dominante, y de su personalidad única, su ambición. Es la mejor del mundo, cosa que solo ella puede decir, y aspirante a todo en Río, en los Juegos Olímpicos. Fernando Rivas, su entrenador, llegó de Holanda con una bicicleta debajo del brazo que pedalea para subir a la Puerta del Ángel en el Paseo de Extremadura, en Madrid.
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