Era el Domingo de Resurrección de 1957 y terminaba la Liga. El Barça recibía al Sevilla con el segundo puesto en juego. Un puesto con mucha miga. El Madrid ya era campeón, desde el domingo anterior, por su victoria en Zaragoza. Y tenía a mano repetir título en la Copa de Europa, de la que ya había ganado la primera edición. Estaba en las semifinales, había ganado 3-1 al Manchester United en casa. Le bastaba con defender ese resultado en Old Trafford para ir a la final, que habría de disputarse en el Bernabéu, honor que le correspondía al Madrid como ganador de la anterior edición, la primera.
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