El Atlético más puro vuela a Milán. A su segunda final en tres años. Un hito que entroniza a Simeone y a sus jugadores. Contragolpe, sufrimiento y esfuerzo, las señas de identidad del club en la casa de uno de los grandes del continente. En el estadio de una potencia económica que bajo el mandato de Guardiola no ha podido concretar en tres años el intento hegemónico que buscaba en la Copa de Europa. El torneo de los torneos. La competición que quedó engrandecida una noche más. Una noche clásica. De idas y venidas emocionales.
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