Cuando los jugadores del Atlético abandonaron el Allianz Arena contemplaron desde el autobús esa especie de flotador espacial al que se asemeja el coliseo del Bayern. Un rojo chillón ilumina la futurista carcasa exterior del estadio, visible ya desde la periferia de la ciudad, preámbulo cromático del infierno que será esta noche su interior. Una caldera en la que las porterías están pegadas a los fondos y donde la acústica generada en unas gradas verticaleszumba en los oídos de los jugadores. La directiva del club bávaro ha tratado de generar un clima en el que las duras críticas a Guardiola y la división existente en torno a la figura del técnico pase a un segundo plano.
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