Andy Murray (Dunblane, Escocia; 28 años) es un tipo que va de frente y habla a las claras. Para muestra, el mensaje que portaba ayer en su camiseta mientras peloteaba con Kei Nishikori a media mañana, ante la multitud de colegiales que invadió la Caja Mágica en la jornada festiva de Madrid: “No excuses, No apologies” (No excusas, No disculpas). El británico no levanta la voz, pero es un deportista al que no le intimida un micrófono. Como buen escocés, apenas se altera su rictus mientras conversa, aunque sobre la pista ya es otra historia. Ahí abajo, raqueta en mano, se enciende como un volcán de erupción controlada.
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