Cuando Jorge Lorenzo empezó a deducir que su compañero de equipo le estaba copiando los reglajes de la moto, en el primer tercio de la temporada 2015, se mordió la lengua. Pero hubo un día que no pudo aguantar más y explotó: “Digamos que la compartición de datos, en este momento, está ayudando más en el otro lado del box que en el nuestro”, dijo el piloto de Yamaha a principios del mes de octubre, cuando la lucha por el título mundialista estaba al rojo vivo. El piloto menos rápido, Valentino Rossi, se beneficiaba los domingos –por su gran gestión de las carreras, dicho sea de paso– del trabajo de su compañero de equipo durante los días previos del fin de semana. Y aquello, a veces, molestaba al español, que a la postre acabó imponiéndose en Valencia.
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