La necesidad era del Sporting, pero el fútbol fue casi todo del Celta. Y, aunque no siempre ocurre así, al final el marcador se puso de acuerdo con las sensaciones. Bastó un gol muy de Nolito, un futbolista que impone tanto respeto en el área que ningún rival se atrevió a encimarle cuando arrancó desde la izquierda buscando el lugar y el momento adecuado para el remate. Fue una de las muchas oportunidades del Celta, que recuperada la estabilidad tras una etapa muy convulsa, vuelve a parecerse al equipo que entusiasmó al comienzo de Liga.
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