Tiene el Granada una joya, que se apellida Peñaranda, que no se sabe si bastará para salvarle del descenso, pero le asegura un tesoro. Cuando tienes un gran futbolista desconoces el presente, pero imaginas el futuro. El venezolano le dio un punto y le quitó dos a un Athletic que sin Laporte tuvo una defensa de servilleta de bar. Decir Athletic en San Mamés es decir peligro. Difícilmente se pueden ver en la Catedral partidos en los que no abunde el peligro, en una u otra portería. Los actores del peligro rojiblanco son conocidos, llevan muchas películas a sus espaldas no necesitan extras para rodar las escenas dificultosas. Son Aduriz y Raúl García. Eso lo sabe todo el mundo. El segundo suele poner la pistola y el segundo dispara. Pero el guionista es Beñat, el que da los giros para que la trama tenga sentido. Todo eso lo sabía el Granada. Antes de preocuparse por los actores protagonistas, convenía secar las ideas del autor de a trama. A eso se encomendó Doucoure, empeñado en quitarle el bolígrafo a Beñat o al menos alejárselo lo más posible del papel. No era cuestión de perseguirle, sino de acogotarle las ideas antes de que las pudiera esparcir por el folio verde de San Mamés (menos dañado de lo que se auguraba).
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