En un duelo con tinieblas, emergió por su cuenta Cristiano y cambió la cara a un Madrid que ya ojea los cuartos de final de la Liga de Campeones. En el evocador Olímpico de Roma hubo dos partidos, el equilibrado y contenido, y el que precipitó el astro portugués con un gol a lo Cristiano. Esa maniobra tan suya para coger una rueda de ventaja con la que abrirse paso hacia un disparo diagonal con mucha metralla. CR en estado puro, el que tanto se esperaba de nuevo fuera del Bernabéu. Con Europa a la vista, el portugués marcó el devenir del encuentro. De un Madrid rebajado hasta entonces a otro más fulgurante, con más apetito, sellado por un tanto final de Jesé. Ronaldo revitalizó al Real y se elevó sobre todos con su segundo tiempo en el que tuvo en vilo a media Roma. Antes de la explosión del luso, el Madrid fue menos Madrid y corrió el riesgo de engrandecer a un rival que circula con lo justo, con lo muy justo.
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