Sin Messi en el equipo, todavía con la pierna en la incubadora, el Barcelona cojea por un costado. Pretendió Luis Enrique sin éxito dar minutos por la derecha a Sandro y Munir, que no atinan en el remate y apenas aportan desequilibrio, sin un gol que festejar. “Están sujetos a presión, pero son los minutos que tienen. Aun así, estoy contento con su rendimiento”, advirtió el técnico después de que su equipo se impusiera al BATE con holgura y un juego fluido que recordó al ejecutado al final del curso anterior, cuando se acumularon los trofeos. Pero por lo visto en los dos últimos encuentros, un rato ante el Getafe y la idea inicial —hasta que el sóleo le jugó una mala pasada a Rakitic— frente a los bielorrusos, Luis Enrique merodea la opción de recuperar el teorema de los medios de Guardiola ahora que el Madrid está a la vuelta de la esquina. O, lo que es lo mismo, jugar con cuatro centrocampistas que aporten posesión del balón y amplitud. Y Sergi Roberto, que ya ha jugado en cuatro posiciones en lo que va de curso —lateral derecho, de volante a ambos lados del mediocentro y extremo derecho— es la clave.
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